domingo, 21 de septiembre de 2014

Crónica de cómo complicarse la vida

Florentino Pérez conquistó la última llave que le quedaba para su completa libertad cuando en mayo ganamos la Copa de Europa. Esa llave era el control total de los aficionados. Ya habíamos comentado antes en este blog que era el balón el que decidiría todas las cosas. Y el balón entró, dándole la Copa de Europa al Real Madrid, y a Florentino Pérez su ansiada libertad. Lo tenía todo: el control del club, el control de la Asamblea, el control de los aficionados.

Y de pronto, en dos meses de locura, se complicó la vida. Primero con estrambóticos fichajes, luego con aparatosas salidas, con un equipo descompensado, con el reconocimiento de que él ejerce de director deportivo, con un grupo, Ultra Sur, acosado y en rebeldía institucional, con una sensación general de que el equipo campeón de Europa es ahora más débil que antes…

Y llega la Asamblea, una asamblea que iba a ser una balsa de aceite para esa dictadura con guante de seda que enarbola la bandera del señorío y la justicia. Las cuentas siguen sembrando dudas, aunque siguen de record.

Estas nubes oscuras las pasará sin sudar mucho, pero me ha sorprendido mucho la soberbia con la que nuestro Presidente se ha expresado últimamente. Una constancia que muchos sospechábamos. Verdaderamente había dado en el clavo: un gran grupo de individuales, hambriento, unido frente a la adversidad, competitivo y con carácter, que había decidido triunfar como un equipo y no perder como individuos (qué gran cita, gracias a la película “Un Domingo Cualquiera”). Pero el éxito se le subió a la cabeza y se lo ha decidido atribuir. Y ya tenemos el lío. Bienvenidos al año 2003…

La Causa continúa.

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